tarde y no quería levantar
me pero
debía de hacerlo así que tomé los pocos
ánimos que tenía y lo hice.
Sentía como
si un talado traspasara mi cabeza.
El ruido de la ciudad era turbidor.
Tenía la boca
seca y un sabor tremendo a nicotina.
Era una de esas tardes en las
que nada te llena, un
sorbito de café, una calada de cigarro,
un pedacito de tocino, un rayito de lu z, todo
parecía deprimente,
parecía la tarde perfecta para suicidarse.
No sabía si era lunes, domingo, sábado o viernes,
tampoco recordaba cuándo se fue,
hace una semana, hace tres día s,
o quizás un mes, solo sabía que ella ya no estaba
ahí, y aún no lograba entender la trascendencia
y el vacío que su partida dejó en mi interior.
La tarde no sabía nada, mierda, claro que sabía,
pero sabía soledad, soledad en cada
sorbito de café, en cada calada de cigarro,
en cada pedacito de tocino, en cada rayo de
luz.
Mi día realmente era una copia del día anterior,
despertar ebrio de resaca y el único remedio
era seguir bebiendo, así que preparé un café co
n whisky para no perder la costumbre,
tomé mis pastillas, me di un baño
y co mencé a afeitarme.
Aquella navaja me llamaba de forma hipnótica,
como si fuese ella quien rogara acariciar
de forma suave mi cue
llo con su filo.
Me senté en mi escritorio dispuesto a escribir,
pero
nada brotaba de aquella mente borracha de alcohol,
soledad y olvido.
Entonces fue cuando
su recuerdo llegó a mí.
Pensé en ella, y lo único que deseaba
era verla de nuevo,
estar con ella en algún bar mientras ponía mi
mano en su entrepierna, mirarla a través
del efecto del alcohol en mi cuerpo para después
salir a caminar en alguna avenida o parque
y poder decirle, tranquila mi amor, no te preocupes por nada,
que todo se va a solucionar.
Vamos a casa a escuchar
The
Hives, tranquila mi amor,
si quieres vamos por un bote de tu
lado favorito y un par de cer vezas, olvídate de todo,
beberemos la tarde entera y haremos
el amor, prometo besarte detrás del cuello para que
sientas cosquillitas.
Tranquila mi amor que todo se va a solucionar,
dormiremos has ta mañana y te escribí un par
de poesía mientras tu sueñas,
tranquila mi vi da que aquí podrás morir de hambre
pero jamás vas a morir de olvido.
Tranquila mi amor, que
todo va a estar bien.
Iremos al bosque a contar las nu bes e
imaginar que somos árboles.
Sentiremos como las ardillas recorren
nuestros cuerpos desnudos
y el viento nos sopla detrás
de la nuca.
Seremos árboles, seremos estrellas,
seremos constelaciones.
Seremos lo que tú quieres
que seamos.
Seremos pradera y también
calor de la foga ta.
Soñaremos que huimos de aquí,
de toda esta mierda.
No importan los demás,
solo importa que estemos juntos los dos.
Tranquila mi amor,
que mañana será otro día.
Quizá podemos huir a
Suecia, a
Suiza, a
Islandia, a
Costa
Rica, a donde tú quie ras, pero los
dos juntos.
También irán con nosotros nuestras mascotas,
pero quédate con migo y no me abandones jamás.
Dejaremos atrás todos tus problemas,
todos los míos.
Comenzaremos de nuevo y todo
va a estar bien.
Tranquila bebé, que todo mejorará.
Entonces besarás mi frente y yo
sabré que todo está bien.
Que a pesar de todo, las cosas van bien, porque sigues aquí,
porque eres tú quien saca mi
lado optimista.
Porque no hay mejor pu ta
droga que tu amo r.
Me serví otro trago, la tarde se había vuelto oscura,
no sabía si eran las 6 o las 10 de
la noche, solo sabía que aquel papel seguía en
blanco y que de nuevo estaba ebrio, ebrio
de soledad, ebrio de tristeza, ebrio de ausencia, ebrio de mierda,
ebrio de ti.
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